El Caplina, aquel rio silencioso que se desliza sigiloso por las callecitas de Tacna, ya no traerá consigo aquel rumor que inundaba los hogares de nuestra ciudad cada domingo, pues el guardián de sus aguas ha partido a navegar sobre el rio Estigia; allí, el barquero de la muerte lo ha de estar esperando para llevarlo a su destino, donde, seguramente, al igual que Dante, será guiado por Virgilio para reunirlo con los grandes bardos de la historia.
¡Don Fredy Gambetta ha muerto! Lo hizo tal como lo venia presagiando, descifrando la muerte como ese paso inevitable para el común de los mortales. Se ha ido vertiendo sus cenizas a orillas del rio que tanto amó, para unirse con quienes lo aguardan desde hace mucho en esa Tacna de antaño
En noviembre del 2023, el Cronista de Tacna escribiría aquella columna que tanto me costo leer y que quise pronto olvidar, titulada “Fin de fiesta” y en donde con la franqueza que lo caracterizaba preciso que “lo que nace, muere, inevitablemente”. En ella dejó las instrucciones para el día en que se apagaran las luces del escenario y se bajara para siempre el telón de ese teatro de su vida llamado Tacna, en el que no solo actuó, sino en el que brilló con luz propia; quiso el destino que aquella última función se convirtiera en la efeméride que dio el nombre al barrio que tanto amó: Dos de mayo.
Don Fredy hizo de la crónica el mayor homenaje hacia su “bella enamorada”, como solía llamar a Tacna. La necesidad de contar cada uno de los episodios que le tocó vivir sobre esta tierra lo llevó a escudriñar incluso en los mas sensibles de sus recuerdos, abriendo muchas veces la puerta de su alma y de su casa con tal de ofrecerle al lector la oportunidad de conocer aquella Tacna de antaño que tanto amo el autor.
¡Don Fredy Gambetta ha muerto! Y para quienes tuvimos el gusto de conocerlo, aunque fuera brevemente, nos queda el gusto de haber estrechado la mano de un gran caballero, de esos que hoy escasean en nuestra tierra.
Es mi deber dar testimonio de la grandeza de este hombre, a quien de niño fui a entrevistarlo a su casa para pedirle obsequiara a mi colegio un poema inédito para nuestro periódico mural. El maduro escritor nos recibió en su hogar con la mayor ternura y pese a no tener en la mano un poema inédito se embarcó rápidamente en construir uno a pedido de un par de mozuelos. De adolescente recibí sus libros como el obsequio de un escritor que buscaba mas enseñar que lucrar. De joven lo visite en la casa jurídica, cuando este ejercía el cargo de jefe del archivo, para pedirle consejos para conocer la historia de Tacna. De adulto tuve la suerte de conocerlo, entrevistarlo, de compartir una mesa de historia con él y de obsequiarle los libros que fui publicando. Pero la mayor de mis fortunas es poder haberlo conocido.
Con don Fredy se va el último gran guardián de la historia de Tacna. Muchos intentarán imitarlo, pero será una tarea imposible, pues puede copiar la pluma, mas no el don de gente del cronista de Tacna. Cierro esta columna con la frase que pidió para sus exequias: ¿De Fredy Gambetta? Nunca más se supo. ¡Hasta pronto, maestro!
Crédito fotografia: Zeppelin Films